Detestable.

12 Mar

Es normal que las ideas fluyan libremente cuando uno se limpia la boca. Estar allí, en pijamas, frente al lavabo. Te miras, haces muecas, te acercas, ves tu ojo, te enseñas la mordida; en el mejor de los casos, te mandas una mirada coqueta y un beso seductor.

Permanecer de pie, atento y gustoso por el ritual. Mañana. Tarde. O noche. Tomo mi cepillo, lo enjuago, pongo la pasta encima, lo paso por los dientes una y otra vez. Los dientes de arriba de cepillan hacia abajo. Las muelitas en forma circular.

En esa cotidianidad estaba cuando pensé en lo detestable. No por el aseo, claro, sino porque el tubo estaba a punto de terminarse. Unos meses, usé un refrescante bucal de canela, pero eso no viene a cuento. Lo detestable. Parece que cada vez detesto menos, ¿buena señal?. Quizá podríamos ir dominando el arte de la alegría si cada mes detestáramos 5 por cierto menos. O el porcentaje que cada quien desee, pero menos.

Al grano, detesto que el tubo esté a punto de acabarse; me provoca un estrés rarísimo. Lo he notado en varias ocasiones. Me pone de mal humor. También detesto que las tortillas se hagan duras en el refrigerador. Casi no tolero el ruido de la gota cayendo en la regadera. Tengo un oído de perro.

Detesto que una prenda de vestir se quede olvidada en el tendedero y que luego deba tirarla porque se ha maltratado. Detesto el ruido de la pirotecnia en las navidades. Ahora mi perro estuvo salivando como si enfrente tuviera un carnero a su disposición; pero era el pánico por el escándalo. Imaginaba sus canales auditivos lastimados.

También detesto hacer filas y, en caso de hacerlas, escuchar las conversaciones de las personas de a lado. A mi no me interesa la vida que se cuela en los bancos y cosas por el estilo.

Lo detestable. ¿Qué mas? Creo que me causa enojo el momento en que me doy cuenta de que, en un diálogo, el otro arrebata la palabra o, peor que eso, empalma sus palabras con las que uno acaba de decir. Luego de la contemplación y el silencio, uno se convierte en un caballero, respetuoso del espacio y el tiempo ajenos. Frente a esos terroristas de las charlas, gente atrabancada que no se domina ni en eso, no queda más que adivinar que no han conocido ni la contemplación ni el silencio. Y eso es decir mucho. Con eso, se podría hacer una biografía, intuyendo otra serie de atropellos, tal vez sin relevancia, pero infinitos.

Mi hit de lo detestable es el tiempo de calor, de 45 grados a la sombra; sin comentarios, fácil, no puedo. En la lista, el último lugar lo ocupan cosas como 1)No pasó el camión recolector de basura hoy, 2)La música de mis vecinos que entra por mi ventana, aunque sea el mismo triste disco siempre, 3)Que me sirvan un café con leche, 4)El color de los zapatos de las personas y 5)La ausencia de papel sanitario en los baños públicos. 

Tengo esperanza. Tal vez este año que empieza pueda transformar lo detestable en amable, querible, disfrutable. O no. Ya se verá, pero el tubo del dentrífico está por terminarse.

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