Madrugadas.

27 Mar

Insomnio y café caliente. La habitación parece ajena; azul o verde esmeralda. Tan fría. La ventana tiene cristales de sobra. Desde cuándo la primavera trae agua gélida, desde cuándo las madrugadas de marzo tienen invierno. Una vela manzana canela y que no se incendie nadie. Recordé la noche que prendí un incienso y se quemó la cortina de la cocina y arrojé el garrafón de agua y no pasó a mayores; pero desperté asustada los tres días siguientes. El olor a quemado me causa angustia. Hoy todo el día tuve puesto mi collar de ámbar. Y si de pronto escaparan todos los moscos atávicos de las piedras. Ojalá que salieran y nunca regresaran. Las piedras deberían arrastrarse, rodar, reptar como serpientes para salir del camino si lo desean. A veces sueño con insectos que vuelan por encima de la casa, formando una especie de aura de alas, aura que vuela. Mi collar vino de otro país: muchas manos están ahora posadas alrededor de mi cuello. ¡El deseo! Quién puso aquí el deseo, qué día nació para festejarlo con margaritas. Dónde vamos a ir a vivir, dónde hay árboles que sigan a los ríos, dónde nos abrazaremos. El deseo y el insomnio.

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