Azúcar negra

16 Jun
Ayer, luego de una noche de pesadillas, fui al mercado y compré un jarro para llenarlo de azúcar.
 
En uno de los sueños había tres hombres idénticos que me llevaban a una plaza llena de mujeres desnudas, con el rostro quemado por ácidos y los pechos mutilados. Los tres hombres vestían trajes que escurrían tinta y dejaban un rastro de figuras movedizas. Los adoquines de la plaza se convertían en sangre coagulada. Las mujeres corrían para no hundirse, cantando fados.
 
Yo estaba a salvo con los tres hombres: me besaban con sus manos bajo mi falda.
 
En el mercado, la vieja vendedora me mostró todos los tipos de jarros. Compré uno pequeño que tiene tres triángulos en relieve.
 
Esta mañana, el azúcar amaneció convertida en una piedra negra.
 
Todavía no sale el sol.
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