Las puertas no

25 Jun

El último día que viví en una de mis casas, compré muchos botes de spray y me puse a grafitear todas las paredes.

La colección de botellas, mi jardín en macetas, la recámara azul, mi cocina, la salita vintage y todos mis libros avanzaban sobre alguna avenida de la ciudad. El camión de la mudanza se había ido. Sólo quedaba el equipo de audio y toda la tarde para mí.

Puse música a todo volumen y empecé a pintar monos de nieve, paisajes estilo Bob Ross, letras en 3D, versos de Pessoa, montañas y árboles felices, caricaturas de mis vecinos, maldiciones para el señor presidente, nombres de los amores que pasaron por allí. En la recámara: Noé, te amo.

También dos perros schnauzer muy bien logrados, el alfabeto gigante, Max, Juan, el párrafo final de “Memorial del convento” de Saramago, Güero, retratos de héroes de la patria. En el baño, la declinación rosa rosae rosae rosam rosa rosa, Sebastián, una flor brevísima, Martínez, dos nopaleras abstractas, Benny, Carlos, Robe.

En la cochera, seis letreros SE VENDE, Gustavo, corazones de diversos tamaños, Adrián, una salchicha polaca extra larga, Franky, Negro, dibujitos de comida regional.

Para la lavandería reservé El Muñe, Hans, Joaco, el Cerro de La Silla, Negro II. Como una loca. Pintarrajeando como una loca que odia su manicomio. Cantando “Ay, adolescente y bonita; ay, jamás pierdes tu sonrisa”. Bailando cumbias y grafiteando vergas, chiches, culos.

Las puertas no. Las puertas quedaron intactas, sin gota de tinta. Las puertas siempre me han inspirado respeto.

Como Noé, mi rentero, se había convertido en mi amigo -o algo más- quise hacerle una broma y le dejé el regalo. ¡Mi obra de arte!

Una semana después, cuando fue a revisar su casa, me llamó encabronadísimo al celular. ¿Cómo pudiste hacerme eso? ¿Qué chingados te pasa? ¡Voy a ir a buscarte a donde estés! Cualquier cantidad de preguntas y reclamos y mentadas de madre.

Yo me cagué de risa en el pasillo de frutas del súper. Por supuesto que estaba dispuesta a pagarle la reparación de los daños. Entonces recordé una noche que no quiso quedarse a dormir.

La venganza es un plato que se sirve frío.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: