Orgasmo para el muerto

11 Sep

Estaba besando a Alejandro cuando recordé que una vez me enamoré de un muchacho que se suicidó.

El recuerdo del muerto me vino a pesar de estar concentrada. En el momento de un beso profundo, los labios no importan. Se trata de las lenguas, las encías, los dientes, el paladar, las paredes laterales de la boca y la saliva. Alejandro pertenece a la clase de hombres con la etiqueta “No te suelto”. Todo el tiempo quiere abrazar y besar. Yo no puedo quejarme de mi breve fortuna. Me dice “A ver, bésame bien”, cuando quiere saber que estoy completa para él.

Le gusta observarme mientras nos besamos: sus ojos entreabiertos pegados a mi nariz. A mí no me gusta ver. Yo aprovecho para imaginar licores, ríos subterráneos, células, espirales; para sentir su cuerpo calentándose lentamente. He tenido orgasmos muy placenteros mientras Alejandro y yo nos estamos besando. La última vez fue en el súper. Esa ocasión, en un pasillo, frente a los ojos congelados de un pescado, me saltó en la memoria la boca del muerto.

Se suicidó hace veinte años. Tanto que me gustaba. Moreno, bellísimo, silencioso, lleno de misterio, pelo largo. Amo a los hombres de pelo largo. Me encanta que rompan la norma. Hablábamos mucho de cine y de existencialismo. Sus palabras iban impregnadas de tabaco y de una pesadumbre incomprensible en una persona tan joven. La vida nos come. La vida nos va matando.

El muerto se llamaba Rafael. Tenía una novia y la dejó viva.Teníamos una conexión extraña: sabíamos que nos queríamos aunque nunca lo dijimos.

Me avisaron que se colgó de un tendedero en la azotea de su casa. Fui al funeral y lloré frente a su ataúd. Por mi bien, procuro no mirar a la gente muerta. Si lo hago, la imagen se queda grabada para siempre y salta en momentos inoportunos. A Rafael sí quise verlo. Me sorprendió la suavidad de su gesto. En su muerte también era hermosísimo. Su boca parecía un dulce brilloso.

Yo tenía muchas lágrimas para el suicida y el suicida ya tenía su eternidad. Un orgasmo para la muerte en el súper. Ayer le contaba a Alejandro. Me interrumpió cuando describía la belleza de Rafael y me dijo “Luego me cuentas. A ver, bésame bien”.

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