Antes de caer

22 Sep

Ayer el maestro salió del salón escurriendo sangre. Atravesó el estacionamiento con la certeza de que ya no tenía fuerza para soportar muchachos. Condujo a casa, se metió a la regadera y, como siempre, se durmió temprano. Hoy fue a la Universidad solamente para dejar su renuncia.

Carlos apenas tiene veinte años y su cuerpo ya está invadido de cicatrices. Diez huesos rotos. No sabemos cuántos enemigos esperan el momento justo para la venganza. Lo han expulsado de varias escuelas. Muchas veces ha terminado en la policía. El ultimátum de sus padres: un lío más y a la calle. Como es experto en meterse en problemas, la vida le regresa los golpes, uno por uno.

Ayer hubo examen y le pareció muy difícil, motivo suficiente para estallar en cólera. Reclamó. Gritó. Insultó. Destruyó las hojas delante de todo el grupo. Golpeó la pared y luego golpeó a su maestro que no pudo defenderse. Lo expulsaron de la escuela. Sus padres lo corrieron de la casa. No tiene otra alternativa más que vagar.

Se detiene frente a un aparador. ¡El iPhone más delgado, más liviano y más rápido! 112 gramos, estructura de aluminio, pantalla grande, cámara sSight de 8 MP, tarjeta nano-SIM y chip A6. Carlos recuerda lo que quiso y no tuvo; lo que quiere y no tiene. Recuerda a sus padres que lo echaron. Recuerda a Patricia que prefiere a Alejandro. Recuerda al maestro que golpeó ayer. Recuerda que está solo y que hoy no tiene nada.

Se arranca corriendo por las calles. Avienta a quienes se cruzan a su paso. Tumba los botes de basura. Atraviesa los semáforos en rojo. Escupe los postes de luz. Maldice. El estómago a reventar, la náusea, los latidos del corazón, la sed, la lumbre en los pies, el aire no alcanza, el ardor en los ojos. Va como loco, en un trance de ira. Otra vez reconoce el deseo de matar. Entra a un templo. Destroza las esculturas de los santos y arranca los lienzos de las vírgenes. Se escabulle hasta la azotea y se lanza, sin posibilidad de arrepentimiento. Muere de viejo, antes de caer.

La sirena de una ambulancia atraviesa la noche. Los paramédicos levantan el cadáver del anciano que está tirado sobre las escalinatas del atrio. En la morgue del servicio forense, los padres de Carlos tardan en reconocer el cuerpo de su hijo octogenario.

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