Otoño

14 Nov

Suena el despertador. Otros cinco minutos que se convierten en media hora. Sale disparada de la cama. Ni siquiera hay tiempo para el gozo del vapor en la regadera.

Una manzana, una taza de café, un pan con queso untable.

El maquillaje borra el desasosiego e ilumina los ojos. Color rojo en los labios para levantar el ánimo.

La camioneta no prende. A la calle en botas altas.

El taxista está de buen humor. La mirada en el retrovisor es el retrato de la esperanza. La felicidad consiste en conversar con la gente, dice el viejo.

Andrea está harta, cansada y aburrida. El trabajo en la oficina, el éxito profesional, el reconocimiento, la maestría, el doctorado, los viajes, las tarjetas de crédito, la casa propia y la camioneta de lujo ahora no son el sueño que soñó hace quince años.

Toda la jornada pensando en el viejo contento que platica con la gente. Ocho horas recordando una mirada. A las siete de la tarde firma la carta de renuncia.

Hoy no hay pesadillas.

Suena el despertador, toma una ducha de una hora, prepara un desayuno generoso y sale al mercado por tres ramos de flores.

Para el mediodía ya tiene un nuevo trabajo.

Hoy es hoy, mañana será otro día; piensa recargada en la ventana.

Un taxi nuevo está afuera de la casa.

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