Noche vieja en la cocina

2 Ene

La primera vez que coges con alguien nunca se olvida. Y para no hacer el cuento largo, pasaron cuatro horas y nunca saltó el termómetro la noche del 31. Me quedé sola frente al fuego. Fui a la guerra sin armas. Hegel escribió que la guerra era buena, hermosa y santa. La cocina y yo: alea jacta est. Por primera vez en mi vida me encargué de la cena de año nuevo para la familia. Un pavo y su relleno dulce, fusilli, puré de papas, ensalada y un pastel.

Como era un pavo ahumado, me quité méritos. Si fuera natural entonces sería un verdadero triunfo. Tengo poca confianza en mí. Nunca creo que algo me salga bien. La otra noche, Érick me pasó el enlace a un test de autoestima gratuito. Traté de ser honesta. ¿El resultado? Ando por los suelos y estoy limitando mi potencial para ser feliz. Luego me ofrecían un taller en línea “Aumenta tu carisma en sólo treinta días. Garantizado. Si no ves avances, te devolvemos íntegramente tu dinero.”

Me gustan las cosas por primera vez. La primera noche en la nueva casa. La primera vez que hablas con alguien que te gusta. La primera vez que conduces un coche. La primera vez que cocinas la cena para quince personas.

Usé el extractor de frutas para obtener el jugo de la piña y el exprimidor de naranjas. Abrí una botella de vino blanco. Inyecté el pavo. En la cavidad, puse cebolla, ajos, ramitas de romero, canela y una manzana roja con diez clavos de olor. Froté la superficie del pavo con mantequilla y especias aromáticas. Ese momento fue de una sensualidad inimaginable, estremecedora. ¡Y al horno!

Ya estaba hirviendo el agua para el fusilli. La pasta jamás me queda al dente; ahora sí lo logré. Aceite de oliva, tocino, champiñones, queso, albahaca y párale de contar. Los cuchillos me causan terror. Casi me quedo manca picando los frutos secos para el relleno dulzón del pavo: el clásico guisado de carne de puerco y de res, apio, manzana y ciruelas pasas.

Para ese momento, las visitas en la cocina eran recurrentes, revoloteando como zopilotes. Qué olor tan delicioso, déjame probar, te digo si vas bien. Me dediqué a correr a las personae non gratae de mi reino. Bebía caballitos de tequila para animarme en la parte final. El puré de papas lo hice con parmesano en polvo, queso Philadelphia, perejil seco y pimienta negra recién molida. El toque de color: lechugas, espinacas, betabel, huevos, zanahorias, mandarinas, tomatitos cherry, higos, piñones y coco, aderezado con vinagreta balsámica con frambuesa.

El termómetro del pavo nunca saltó. Una nube de romero y manzanas salió del horno e invadió la casa, el barrio, el país. Mi sentido común me convenció de que ya estaba en su punto. La cocina, por fin, luego de seis horas, llena de comida caliente.

Antes de servir la mesa, me metí a bañar. Cuando estaba poniendo los cubiertos, recordé que Carlos Slim había salido en la tele diciendo: “Hay que imponer nuestra voluntad a nuestras debilidades.” Después fui a comprar un rollo de mango a Pastelerías Lety. Todos se chuparon los dedos durante la cena. Nadie murió de indigestión.

A mí se me espantó el hambre y terminé desayunando unos hot dosgs del Oxxo.

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