Sin alas

26 Feb

Un pájaro grande se metió por la cocina. Entró volando cuando abrí la puerta para sacar un ramo de flores secas.

Las flores muertas son como mujeres muertas pero más feas, más oscuras y más propensas al polvo. Se muere una mujer y le llevan flores a sus funerales. Habría que rodear con mujeres felices a cada flor que esté a punto de morir.

El pájaro me asustó con sus aleteos. Venía desde el árbol del jardín vecino. Salió como espantado, con el corazón verde, de entre las ramas verdes. Uno jamás se imagina lo que sucede adentro de un árbol. Uno jamás piensa en los miedos de los pájaros.

En mi desequilibrio, solté el jarrón. La porcelana quedó en el piso, formando islas en el charco del agua. ¿Cómo volvemos a juntar todos nuestros fragmentos cuando nos hemos roto en pedazos? Ya nunca somos los mismos. 

Creo que el pájaro se escondió. No lo encuentro por ningún lado. Ya he buscado en los cajones, bajo la cama, en el clóset y en los baúles. Metí la cabeza en la alacena, el horno y todas las cajas de zapatos. No lo veo entre los libros ni está acurrucado encima del perchero.

Espero encontrarlo porque yo no estoy dispuesta a compartir mi casa con algo que vuela…

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