Imaginaria biblioteca

14 May

Por fortuna, la biblioteca imaginaria siempre está abierta.

Corre el aire desnudito entre los estantes, durante el día y durante la noche, de lunes a domingo, de enero hasta el fin del mundo. ¿Dónde se acaba el mundo? Quizá en la última letra del abecedario.

Aquí ningún papel se muere. Los papiros se mantienen gracias a la brisa de las madrugadas. Los libros parecen rosas rojas llenas de gotas de rocío. Algunas madrugadas llegan arrastrando el sonido del viejo tren; ese que atraviesa la ciudad, el país, el universo.

Penetran los rayos del sol hasta el centro de un poema de Borges y las letras explotan, brillan, se incendian. La biblioteca imaginaria es un sitio en llamas. Bradbury le da cuerda al reloj. No existen las horas; aquí existen las horas adentro de las horas. Todo arde y quema de manera contundente. Los libros dejan una cicatriz roja en los ojos.

Otros días, la nieve, suave y luminosa, se posa en las alfombras; las huellas jamás se despintan. Un gato negro maúlla entre las sombras pero se esfuma detrás del perchero. Cae de pronto el huracán. Nada se moja pero todo flota. Los diccionarios parecen barcos de madera bajo la tormenta.

En la biblioteca imaginaria hay música de piano que es un violín que es un oboe. La música baila entre las páginas. Wagner y Mahler juegan ajedrez con El Hombre de Vitruvio. Frente al espejo, cada siete minutos, Pessoa se rompe en pedazos y, siete minutos después, se reincorpora con nubes en las manos.

Un montón de libros del pasado, del presente y del futuro se mezclan, se muerden, se combinan. Hay libros de todos los colores. Libros que son los colores que todavía nadie ha inventado. Libros de agua con sal. Libros de vaho. Libros de vacío. Libros de deseo y de muerte y de amor. Libros que ya fueron árboles mil veces renacidos. Libros con pantallas de oro. Libros de piel y libros de alma. Libros con orgasmos y libros de lágrimas. Libros de hormigas a lado de libros de supernovas. Libros de libros. Libros con polvo de huesos y de tierra negra y de sangre menstrual.

Me recuesto en el sillón. Extiendo la mano. Leo. En la biblioteca imaginaria todo es posible porque adentro de cada palabra cabe perfectamente un mundo real.

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