La pasión y los libros

28 May

Ahora recordé una ocasión en la que no me dejaban entrar a un salón de actos para impartir un taller.

Fui a dar un curso de capacitación en algún lugar del sur de Nuevo León, el estado en el que vivo. Ahora no recuerdo si fue en Allende, Montemorelos o Santiago. Para llegar, hay que salir de la ciudad y tomar carretera. Los campos del sur son hermosos y a mí me basta con mirarlos a través de la ventanilla para contagiarme de alegría. Monterrey, mi ciudad, es tan gris que cuando veo un montón de césped bajo un montón de árboles, me pongo feliz como lombriz.

La mañana estaba linda y verde hasta que llegué al lugar de la cita. El salón era una cosa muy fea: un rectángulo sin ventanas y sin abanicos y con una sola puerta. Horrendo porque era verano de cuarenta grados. Horripilante porque eran cerca de cincuenta maestros sudorosos y desanimados e incrédulos. Nauseabundo por todas las anteriores. Ya ni modo. Ya qué. El destino me puso allí.

Descargué todos mis tiliches del vehículo. Montones de libros, proyector, juegos de mesa, discos, telas de colores, cualquier cantidad de artículos de papelería para las actividades didácticas, un baulillo de títeres diminutos y un bote lleno de ropa. Los encargados de la logística del evento me vieron bajar de la camioneta y llevar mi arsenal hasta la puerta del salón de actos. Me presenté como la facilitadora del taller.

No me creían que yo era la persona que impartiría el curso, a pesar de tener enfrente las evidencias. Estúpida, romántica y sensual promotora de lectura a la vista. No me creyeron hasta que llamaron por teléfono para corroborar que una tal señorita Carmen Alanís era la capacitadora para el magisterio de la Zona Fulana de la Región Mengana.

Me pidieron una disculpa y me dijeron que me veía yo muy joven; es decir, muy cara de bebé, muy inmadura y sin experiencia para enfrentar a media centena de docentes de la región citrícola. Fue como en 2002 y yo era una chica de veintidós años. Libros, lectura, comprensión de lectura, literatura, géneros literarios, escritura creativa, artes, creatividad, cultura y todas esas cosas a las que me dedico.

Al final del taller, los maestros no tuvieron otra más que creerme y salieron contentos y resultó un taller gratificante y amoroso, a pesar de mi brevísima edad y mi cara de moco verde.

Lo que nunca me ha faltado es la pinche pasión. Supongo que los convencí. Supongo que se trata de la pasión….

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