Morir de lluvia

21 Jun
A veces, la lluvia mata.
 
Un camión de carga derrapó sobre la carretera y le quitó la vida a mi primo. Neto murió al instante. Diecinueve años, los ojos grandes y la sonrisa siempre. Iba a la universidad y llevaba una vida común, de estudiante común, en una ciudad común. La vida simple es extraordinaria sólo por el hecho de ser vida.
 
El funeral estuvo lleno de jóvenes y no cabía un ramo de flores más. Su novia, desconsolada, en otro mundo a lado del féretro. Todos nosotros incrédulos, adoloridos y enojados. Dios casi nunca sirve para nada en los putos accidentes. Esa noche Dios estaba dormido. Mi tío Quique iba manejando y, por fortuna, o quién sabe, se salvó. ¿Cómo será vivir con el fantasma del copiloto?
 
Han pasado casi veinte años y la muerte es la misma cosa siempre.
 
Neto y Quique tenían un negocio familiar de grabación de videos para eventos sociales. Iban de camino a grabar una boda y no alcanzaron a llegar. Se cruzó la muerte con su negra sonrisa en la avenida.
 
El día de la muerte de Neto algo se rompió en la familia y yo entendí un par de lecciones. Vivir es una palabra que puede terminarse demasiado pronto. Cada que veo a mis tíos, imagino el dolor de la pérdida de un hijo. Y no lo imagino.
 
Morir de lluvia quizá sea una muerte digna para un joven hermoso.
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